El sindrome del delirio agitado

El sindrome del delirio agitado

Antonio Coque

Socio colaborador E3A

Seguro que muchos guardias civiles, policías y profesionales de la seguridad privada han vivido la experiencia de tener que intervenir en lugares de ocio nocturno o con personas con trastornos psiquiátricos que no han tomado sus medicamentos y/o ha sido mezclados con otras sustancias tóxicas.  Los agentes han tenido que encarar situaciones donde han tenido que reducir e inmovilizar a sujetos que exteriorizaban una conducta agresiva, alterando gravemente la seguridad ciudadana y presentando conjuntamente aparente estado de extrema excitación e hiperactividad psicomotriz, por lo que resultaba necesario tener que intervenir, utilizar la fuerza y practicar la detención.

“Se trata de dar a conocer el fenómeno del síndrome del delirio agitado”

Antonio Coque

Antonio Coque es Doctorando en Influencia y Persuasión y Autor de "Inteligencia Verbal", Defensa Verbal Institute

El agente no lo sabía, pero ha sido posible que se encontrara ante una situación de “Síndrome de delirio agitado”. La principal repercusión del problema se origina cuando se produce el fallecimiento de los sujetos durante o tras haber sido sometidos a detención policial mediante el uso de la fuerza. Este tipo de sucesos suelen tener una gran carga de sensacionalismo por parte de los medios de comunicación y de la opinión pública que dan lugar a procesos judiciales complicados, mediáticos y con sentencias judiciales condenatorias para los agentes intervinientes. Ejemplos: “Caso Roquetas”, “Caso del Raval”, etc.

A través del termino “Delirium Agitado” se conoce al fenómeno que se manifiesta como una combinación de delirio, agitación psicomotriz, ansiedad, alucinaciones, trastornos del habla, desorientación, violenta y comportamiento extraño, insensibilidad al dolor, temperatura corporal elevada, y una fuerza sobrehumana.

La gran mayoría de los casos se inician por una alteración grave del orden público o de la seguridad ciudadana, que obliga a los agentes policiales a su intervención, y en la mayor parte de los casos concluyen de manera satisfactoria, es decir, se logra el fin perseguido y su traslado a centro sanitario, donde recibe la adecuada asistencia. El problema se produce en un porcentaje no determinado de ellos, que culmina con la muerte del sujeto sin que existan hallazgos objetivos postmortem que determinen una etiología definida, por lo que se inscriben como muertes sujetas a autopsia judicial. En estos casos, puesto que ha existido una acción directa de uso de la fuerza o la detención por parte de los agentes policiales, la dinámica de su actuación se convierte en verdadero elemento decisorio de cara a su responsabilidad en un ulterior proceso judicial. Es indudable que este fenómeno representa una de las actuaciones más complicadas a las que han de enfrentarse los miembros de las F.C.S., y con las repercusiones jurídico-profesionales que van a acarrear para los agentes intervinientes el fatal e imprevisible desenlace. En estos casos la actuación siempre se pone en entredicho y resulta preciso un plus de justificación, tanto de la dinámica de la actuación profesional como de la determinación, lo más exacta posible, de la etiología del fallecimiento.

El principal problema es el desconocimiento generalizado sobre este fenómeno, tanto a nivel de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, como de sanitarios e incluso médicos forenses, a lo que hay que añadir su escasa investigación científica. Una de las necesidades que surge en esta materia es la de armonizar procedimientos, técnicas y protocolos con el estricto cumplimiento de la Ley. De aquí la necesidad de realizar un afrontamiento del S.D.A., para encarar y dar resolución a tres puntos principales:

– La comprensión e identificación del problema.

– La utilización de una estrategia de resolución o intervención.

– El logro del mejoramiento o la solución a la complicación.

Todo ello teniendo en cuenta la obligación que tienen los agentes de intervenir, con la decisión necesaria y sin demora cuando de ello dependa evitar un daño grave, inmediato e irreparable. Así como tener, además, la obligación de hacer la intervención bien y teniendo en cuenta que los objetivos profesionales de las F.C.S. están directa e intrínsecamente vinculados con el principio de legalidad, la protección de los ciudadanos y de los escenarios en los cuales se desenvuelve la vida en comunidad.

Es necesario resaltar que toda intervención con personas con la sintomatología descrita, deberá ser considerada como de “urgencia sanitaria” y solicitar los servicios médicos –claro, para ello es necesario que los agentes tengan información sobre esta casuística y problemática para poder clasificarla-. También priorizar los momentos iniciales de la intervención a través de técnicas de comunicación estratégica efectivas-Defensa Verbal & Persuasión– para reducir el estrés situacional. Una de las ventajas de la competencia de la comunicación es poder caracterizarse por ser un buen facilitador interpersonal, ya que pueden centrar intuitivamente su atención en las experiencias de los demás.

Pero si, debido a la gravedad de la situación, no es posible esperar la intervención sanitaria y resulta necesaria una acción inminente y directa, se atenderá a la concurrencia de las posibilidades operativas y tácticas. La intervención siempre deberá ser bajo los principios de Oportunidad, Congruencia y Proporcionalidad establecidos en nuestro Ordenamiento Jurídico, todo ello sustentado en la máxima de Menor Lesividad posible: equilibrio entre el bien jurídico a proteger y bien jurídico a dañar con la intervención (Art. 5 de la L.O. 2/82 de F.C.S.)

“…es necesario que los agentes tengan información sobre esta casuística y problemática para poder clasificarla.”

En cualquier caso debe evitarse, en la medida de lo posible, incrementar el estrés, la violencia situacional, así como la utilización de técnicas desproporcionadas y la inmovilización en posiciones o posturas que dificulten el flujo de oxígeno, resultando más idóneas las medidas de sujeción de los miembros superiores e inferiores sin acción directa sobre las articulaciones para evitar su luxación, hasta disponer de medios de contención adecuados (camilla en la que colocar al sujeto de cubito supino y contenciones mecánicas –homologadas- abdominales y de miembros superiores e inferiores alternos). Todo ello para reducir los casos letales en la inmovilización policial en situación prono con peso de los agentes encima del sujeto, aunque algunos estudios realizados con sujetos voluntarios, no dieron como resultado pruebas de la hipoxia o hipoventilación, ni compromiso respiratorio.

En fin, se trata de hacer posible que los profesionales tengan conocimiento del síndrome y práctica del protocolo de actuación a través de seminarios y cursos dirigidos a profesionales de la sanidad y la seguridad, así como aprender de la experiencia.

BIBLIOGRAFÍA y ENLACES DE INTERÉS SOBRE EL DELIRIO AGITADO

Amaya, I. S., Cazorla, F. M., Medina, V. R., & Lamía, L. R. (2013). Estudio y análisis médico-legal de las muertes en privación de libertad en Málaga. Cuad Med Forense, 19(3-4), 102-109.

Cazorla, F. M., Amaya, I. M. S., & García, M.  L. (2011). Agitación psicomotriz e implicaciones médico forenses. Cuadernos de Medicina Forense, 17(3), 111-117.

Coque. A (2013) Inteligencia Verbal; Defensa Verbal & Persuasión/ Editorial EDAF / Deposito Legal; M-7819-2013 /

Coque. A (2017) Intervención Operativa Policial/ Editorial EDAF / Deposito Legal; M-12.8877-2017 /

Coque. A (2014). Manual de Derechos Humanos y el Uso de la Fuerza de la Policía Nacional de Colombia. Universidad Sergio Arboleda de Colombia.

Coque, A. (2015). Textos y programa docente del curso de Experto Universitario en Intervención Operativa Policial. UDIMA -Universidad a Distancia de Madrid.

DiMaio, V. J. (2009). Excited Delirium Syndrome (EDS). Forensic Nursing: A Concise Manual, 197.

Hayes, L. & Paulus, M. (2008). Tactical and Weapons Training Model. Olympia Fields, Illinois Tactical Officers News.

Sevillano Arroyo, M. A. (2003). Abordaje al paciente agitado. Protocolo de enfermería para la contención mecánica.Psiquiatría.com, 7(3).

Ruiz. S., Osuna. E., Coque. A., (2016). La intervención policial con sujetos confuso-agitados. Cuadernos de la Guardia Civil, 52, 135-154.

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La negociación en el servicio policial

La negociación en el servicio policial

Antonio Coque

Socio colaborador E3A

Si las habilidades sociales y las competencias en comunicación son fundamentales en todos los ámbitos de la vida, también son un elemento esencial en el funcionamiento de las organizaciones. No deja de ser sino una necesidad para el ser humano. Y como seres sociales que somos, la comunicación es una necesidad básica de toda persona, especialmente para los servidores públicos. Todo profesional que desarrolle su labor de cara al público debe conocer y dominar la forma de comunicarse adecuadamente si quiere tener éxito en su tarea. Además de dotarle de una ventaja y un valor respecto a los demás. La habilidad para comunicarse de forma eficaz y profesional es una conducta que se aprende. Aunque, paradójicamente, no suele enseñarse en los procesos formativos de la gran mayoría de los profesionales. Al menos de forma seria y metodológica. Si es verdad que en la actualidad algunas administraciones están empezando a incluir esta temática en los procesos formativos, pero como asignatura “maría” sin darle la especial importancia que requiere. Olvidan que el manejo de la comunicación abarca todas las habilidades de trasmitir, no solo información, sino confianza, poder y credibilidad.

Necesitamos escuchar a nuestro interlocutor, comprender lo que nos dice, como lo dice y empatizar con él.
Con esto, hemos ganado mucho terreno para como tener nosotros el control de la conversación

Antonio Coque

Antonio Coque es Doctorando en Influencia y Persuasión y Autor de "Inteligencia Verbal", Defensa Verbal Institute

En el caso de los profesionales de la seguridad, tanto pública como privada es algo especialmente determinante. No se debe olvidar que durante el desarrollo de las misiones y cometidos de un policía con su público ha de poner en marcha simultáneamente diferentes competencias para tener éxito. No basta con tener los argumentos apropiados –el principio de autoridad-, revestidos de lógica, razones y apoyados en el ordenamiento jurídico, sino que tiene que darle sentido y saber ordenarlo de forma adecuada. En las situaciones confusas, de crisis y estrés en las que en muchas ocasiones tiene que llevarlo a cabo, deberá conseguir su objetivo, a ser posible, de forma persuasiva, con convicción y de forma conveniente a la situación que está viviendo. Lo tendrá que lograr con la palabra y con otras no verbales. Es decir, comunicando. Sin olvidar que con su actuación representa a la corporación o institución a la que pertenezca. Para bien o para mal.

Por otro lado, sería muy ingenuo y apartado de la realidad de la calle, pensar que todas las situaciones que tiene que afrontar un profesional de la seguridad se vayan a resolver solo con la palabra. Al contrario, existen realidades en las cuales es necesario y adecuado pasar a la acción. Si el profesional conoce como usar de forma adecuada la comunicación verbal y no verbal contará con una gran ventaja táctica pues podrá leer lo que está pasando y anticiparse a las situaciones. Esto supondrá estar en superioridad en la intervención al conocer sus límites y saber cuándo la palabra no es efectiva o adecuada al caso. Así podrá anticiparse a la realidad respondiendo de forma necesaria y oportuna con otros recursos profesionales a su alcance.

“…sin olvidar que con su actuación representa a la corporación o institución a la que pertenece.”

Comunicar de forma eficaz no es sólo decir lo que se quiere decir, sino también obtener la respuesta adecuada al ámbito donde se desarrolla la comunicación profesional. Lo cual tiene una gran importancia en las misiones y cometidos de los profesionales de la seguridad, sobre todo cuando su actuación es para limitar derechos y libertades de los ciudadanos. Un buen profesional de la seguridad deberá estar dotado de formación en comunicación experta, conceptual y creativa, para poder adaptarse a las diferentes audiencias y las cambiantes situaciones que tendrá que afrontar un agente policial. Sorpresivas, en muchos casos, por lo tanto, se necesita capacidad para crear e innovar nuevas soluciones para diferentes escenarios.

Formarse para comunicar:

Ahora bien, no vale cualquier cosa pues las situaciones de negociación que tiene que afrontar un policía no son ni parecidas a las que tiene que afrontar cualquier otro profesional, pues en muchas de ellas están en juego valores que entran en colisión con la vida y la integridad física. Por lo tanto, se tiene que dotar a los profesionales de técnicas para estar en equilibrio interno, saber utilizar la parte racional o emocional del cerebro para alcanzar objetivos de forma más eficiente, eficaz, segura y profesional. También deberá saber clasificar a su audiencia para poder utilizar la táctica comunicacional más adecuada a cada situación, utilizando las herramientas y los recursos del lenguaje de forma profesional y efectiva. Todo este proceso deberá ser a través de una metodología sencilla, práctica y poderosa. Es decir, se debe proporcionar a los agentes policiales herramientas y recursos para utilizar las diferentes formas de expresión persuasiva a través de los distintos canales para comunicar: gestos, posturas, expresión facial, proxemia, paralenguaje, emociones y apariencia. De este modo podrán llevar a cabo sus misiones y cometidos de forma profesional, metodológica e integrado en un sistema de intervención operativa policial eficaz y coherente.

La clave se encuentra en una formación que redunde en una mayor motivación, seguridad y satisfacción de los profesionales, así como una mejor imagen de la institución, corporación o empresa a la que representan. La gran mayoría de los ciudadanos suponen que los policías están dotados de esta formación, pero no es así. En cambio, las administraciones suponen que estas habilidades y competencias son innatas a los propios agentes, cuando es posible que algunos las tengas y otros no. Esta materia se va haciendo imprescindible en cualquier programa formativo serio y competente. No hay que olvidar que detrás de la continua persecución de la excelencia en el servicio se encuentra una persona que será la receptora del mismo. Algo que percibirá, principalmente, a través de los canales comunicacionales. Si el profesional no lo domina, no será visto como tal por su audiencia. Como casi todo, esto también se puede aprender.

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