¿Tu entrenamiento marcial es profesional?

¿Tu entrenamiento marcial es profesional?

Pablo Varela

Instructor E3A

“No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: palos y mazas”

Albert Einstein

Físico alemán.

El origen de las armas:

Las armas fueron diseñadas por el hombre como objetos para la defensa contra animales depredadores. En las diferentes épocas de su evolución histórica fueron muchos los materiales empleados para su confección: piedras (sílex el mas cortante), palos (diferentes medidas), metales, armas de fuego o explosivos. 

El siguiente uso constructivo de las armas fue su empleo para la caza de animales, para ello, se depuraron todo tipo de técnicas individuales y de grupo para el empleo de las armas.

Por último, la rivalidad entre tribus por el control de zonas, áreas de caza, riqueza de recursos para la supervivencia, otorgó otro uso de las armas: la capacidad para matar a otros seres humanos.

El ser humano no está programado genéticamente para matar a otro ser humano. Por eso el acto de matar produce unos efectos negativos en nuestro cerebro. 

El hombre durante su evolución comprendió que mediante el uso de armas podía ejercer el control sobre otros seres humanos. El control de países, culturas, territorios, imperios se forjo gracias al control y dominio de las armas.

La proliferación de internet, el uso de redes sociales y la globalización han hecho que la expansión de sistemas de entrenamiento marcial se entremezcle (deporte, defensa personal, uso profesional) de forma alarmante y descontrolada. Por eso muchos profesionales armados no tienen claro que sistemas marciales practicar o cual es su finalidad

El contexto social:

El uso y tenencia de armas por parte de particulares, está regulado en legislación de  cada país, motivado por la situación social del mismo, cultura sobre las armas y nivel de peligrosidad para los ciudadanos. En España la regulación sobre la tenencia, uso y control de las armas está regulado en el Reglamento de Armas (Real Decreto 137/1993, de 29 de enero, BOE 55/1993)

En muchos países del mundo el uso y tenencia de armas genera controversia social y rechazo, pero las armas forman parte intrínseca de nuestro día a día; tenemos a mano infinidad de armas con las que se puede hacer daño a otro ser humano ante la más mínima disputa. Consumimos grandes dosis de violencia y uso de armas en nuestro tiempo de ocio: en el cine, noticias violentas, video juegos e internet. Cada día aumenta la violencia entre seres humanos.

Esta violencia es la que genera el rechazo hacia las armas, pero éstas por si mismas, no representan ningún peligro; es la falta de responsabilidad en su uso, en la educación a nuestros hijos, el consumo de la violencia en nuestro ocio, lo que si representa un verdadero peligro.

Definiciones y clasificaciones:

Se pueden definir y clasificar las armas del siguiente modo:

Arma contundente

Objeto de impacto, que mediante la transmisión de energía cinética hacia el cuerpo o punta del objeto y modificada para este fin, permite contusionar partes blandas del cuerpo y romper/fracturar partes duras como los huesos. La transmisión de energía cinética sobre determinadas partes del cuerpo como la cabeza pueden producir la muerte de un ser humano o animal. Las armas contundentes están consideradas  dentro de nuestro reglamento de armas, como armas prohibidas para particulares:

“Defensas de alambre o plomo, los rompecabezas, las llaves de pugilato, con o sin púas,  los nunchacos; así como cualesquiera otros instrumentos especialmente peligrosos para la integridad física de las personas”.

Artículo 4 del Reglamento de Armas (Real Decreto 137/1993, de 29 de enero, BOE 55/1993)

Arma blanca

Objeto cortante y modificada para este fin que permite cortar la piel de un oponente o atravesarla mediante la punta. Las armas blancas están consideradas categoría 5ª dentro de nuestro reglamento de armas y se consideran como armas prohibidas para particulares:

“Se prohíbe el uso a particulares de cuchillos, machetes y demás armas blancas que formen parte de armamentos debidamente aprobados por autoridades u organismos competentes. Su venta requerirá la presentación y anotación del documento acreditativo del cargo o condición de las personas con derecho al uso de dichos armamentos”.

“Igualmente está prohibida comercialización, publicidad, compraventa, tenencia y uso de las navajas no automáticas cuya hoja exceda de 11 centímetros, medidos desde el reborde o tope del mango hasta el extremo.

No se considerarán comprendidas en las prohibiciones anteriores la fabricación y comercialización con intervención de la Guardia Civil (inspección de locales y comunicación previa de apertura, modificación y traslado), la compraventa y la tenencia exclusivamente en el propio domicilio, con fines de ornato y coleccionismo, de las navajas no automáticas cuya hoja exceda de 11 centímetros”. 

Artículo 4 del Reglamento de Armas (Real Decreto 137/1993, de 29 de enero, BOE 55/1993)

Arma de fuego

Es aquella herramienta modificada y fabricada para la propulsión de proyectiles que son lanzado a gran velocidad. La energía cinética que las municiones proyectadas trasfieren al cuerpo humano o animal tiene la capacidad de sobre penetrar y atravesar el mismo, seccionando vasos, arterias y órganos que por hemorragias y daños en los mismos pueden producir la muerte de forma rápida o instantánea. Las armas de fuego están consideradas  dentro de nuestro reglamento de armas en las categorías: 1ª,2ª,3ª,4ª y se consideran  como armas prohibidas para particulares:

“Está prohibida la tenencia de las imitaciones de armas de fuego que por sus características externas puedan inducir a confusión sobre su auténtica naturaleza, aunque no puedan ser transformadas en armas de fuego; salvo que se encuentren en el propio domicilio como objeto de adorno o de coleccionismo y se hallen inscritas en un Libro-RegistroSe exceptúan de la prohibición aquellas cuyos modelos hayan sido aprobados previamente por la Guardia Civil, con arreglo a la normativa dictada por el Ministerio del Interior”.

Artículo 4 del Reglamento de Armas (Real Decreto 137/1993, de 29 de enero, BOE 55/1993)

Las artes marciales:

Las artes marciales o arte militar para el combate se crearon para el manejo y refinamiento en el empleo de las armas o la lucha cuerpo a cuerpo. En el transcurso de la historia, evolucionaron y se perfeccionaron dentro de las diferentes culturas y contextos sociales de cada tribu, comunidad o país. Con el paso de la historia se refinaron “técnicas” en el manejo de las armas contundentes, blancas y en la actualidad armas de fuego.

Hoy en día, las artes marciales se practican por tres motivos principales: defensa personal, actividad deportiva o uso profesional.

– La defensa personal viene motivada por la violencia contra las personas; por lo que muchos particulares deciden defenderse agudizando sus instintos primitivos de lucha o huida.

La actividad deportiva está destinada a la práctica de artes marciales de origen histórico o deportes de combate donde predomina el uso de armas tradicionales y lucha cuerpo a cuerpo en torneos deportivos. Trasmiten a sus practicantes valores personales como la disciplina mental, autoconfianza, salud y carácter. Estas actividades deportivas pueden servir como base para un aprendizaje de profesionales armados. La práctica con armas antiguas de hoja cortante o punzante o imitaciones de armas de fuego no está autorizada por la intervención de armas para uso particular:

Para este tipo de prácticas se debe contar con materiales debidamente marcados y fabricados en materiales no lesivos para los entrenamientos deportivos.

– Actividad profesional: la formación como profesionales de las armas viene motivada por la autoridad que nos confiere el estado para hacer un uso responsable de las mismas.

Para ello debemos formarnos como Paladines modernos profesionales en la protección y defensa de las mismas. La tenencia y uso de armas de fuego, bastones de impacto profesionales, armas blancas o machetes militares, elementos de engrilletamiento o retención, son elementos de uso profesional y restringido a estos colectivos en el ámbito de sus competencias.

Por este motivo en ningún caso, la práctica y tecnificación detallista en el uso de los mismos, puede ser considerada como práctica deportiva y de enseñanza a particulares no profesionales.

Fuerzas Armadas

Técnicas defensivas y combate con armas largas.

Fuerzas y Cuerpos de Seguridad

Técnicas defensivas e intervención con armas cortas.

Seguridad Privada

Técnicas defensivas y control con defensa.

El entrenamiento profesional:

No todo vale. La proliferación de internet, el uso de redes sociales y la globalización han hecho que la expansión de sistemas de entrenamiento marcial se entremezcle (deporte, defensa personal, uso profesional) de forma alarmante y descontrolada. Por eso muchos profesionales armados no tienen claro que sistemas marciales practicar o cual es su finalidad.

Para ello te proponemos que te hagas las siguientes preguntas:

¿En sus entrenamientos portas habitualmente los medios materiales que emplearías en tu servicio?

¿Estos medios materiales son adecuados para el entrenamiento y están perfectamente marcados como medida básica de seguridad?

¿En tus entrenamientos tienes en cuenta el empleo legal de la fuerza?

¿Trabajas la congruencia en el uso de los recursos letales y no letales?

¿Están relacionadas de manera integral tu formación de tiro con tu formación en lucha cuerpo a cuerpo o intervención operativa policial?

¿En tu formación de tiro te enseñan a evaluar las amenazas, hacer uso de elementos no letales o uso de la palabra como herramientas en la gestión de un enfrentamiento?

¿Trabajas escenarios donde contextualizar las técnicas aprendidas?

¿En tus entrenamientos se tiene en cuenta la gestión e inoculación del estrés?

¿Diferencias el cansancio físico, del estrés en el entrenamiento?

Los sistemas de entrenamientos modernos, deben partir de la base de trabajar con las armas que portamos habitualmente para nuestro servicio: fusiles de asalto, pistolas, defensas, elementos de retención, dispositivos eléctricos, sprays, cinturones de servicio, chalecos antibalas, etc. De nada sirve tener en dotación un fusil de asalto y para las practicas de lucha cuerpo a cuerpo dejarlo apoyado en una esquina, u obviarlo simplemente para realizar técnicas de desarme.

Por el contrario de nada nos sirve ir al campo de tiro a realizar prácticas deportivas de tiro, donde el objetivo de cada ejercicio es conseguir la máxima puntuación posible. El recorrido de tiro no es una aplicación profesional del tiro.

Los sistemas de entrenamiento deben ofrecernos soluciones al porte y defensa de nuestras armas, sacar el mayor rendimiento de las mismas de forma no letal o llegado el caso de forma letal.

La práctica continuada y detallista debe ofrecernos fluidez y autoconfianza en situaciones bajo estrés y en las condiciones más reales posible.

Se deben contar con materiales debidamente diseñados para los entrenamientos y la seguridad en los mismos.

La legislación en el uso de la fuerza es diferente en cada país, “no todo vale”, por eso el contenido técnico del sistema de entrenamiento debe contener legislación en el uso de la fuerza y cómo aplicarla en el entrenamiento de forma eficiente.

Al portar armas tenemos que tener muy presente que pueden ser sustraídas o utilizadas contra nuestra propia integridad física, por ello debemos estudiar y tecnificar como defenderlas y como sacar el máximo rendimiento de las mismas.

Conclusiones:

Teniendo en cuenta todos los puntos expuestos podemos concluir que el empleo de armas está restringido de forma muy rigurosa en España.

El entrenamiento con las mismas está restringido a un uso por parte de colectivos profesionales como elementos de defensa o intervención.

No debemos confundir la defensa personal como práctica para un profesional, sino como sistema de auto-protección para cualquier ciudadano.

Las prácticas deportivas pueden servir como base marcial para los profesionales, pero estos deben entrenar sistemas que estén claramente enfocados a desarrollar todas aquellas habilidades que pueden ser necesarias en sus servicios al público portando sus armas de dotación.

Para un servidor de la ley el uso de armas debe de ser algo natural, fluido, disciplinado, con valores morales y espirituales.

“EL ARTE DEL SAMURAI ES  EL ARTE DE SERVIR”

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¿Tu entrenamiento marcial es profesional?

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El Guerrero (Parte 6): El equipo de El Guerrero.

El Guerrero (Parte 6): El equipo de El Guerrero.

Pablo Varela

Instructor E3A

La armadura no es otra cosa que una simple protección, mientras tú no des pruebas de poseer alma de guerrero.

Masami Kurumada

Mangaka japonés

Primeras armaduras de protección para el combate:

Definición: “Vestidura compuesta por piezas metálicas o de otro material resistente (en muchos casos el cuero) que se utilizaba para proteger el cuerpo del combatiente.”.

Los inicios de las armaduras se remontan a tiempo de los guerreros Egipcios y Griegos. Los primeros implementaron el uso del casco principalmente de bronce, que permitía protección contra armas de filo y a la vez ligereza. Una  coraza compuesta en su base por  cuero  cubierto por piezas metálicas entrelazadas y unos botines hechos con los mismos materiales: cuero y piezas metálicas superpuestas. 

Los segundos introdujeron además de lo anterior, armaduras echas de bronce en su totalidad tanto el casco, así  como  protección para: pecho, abdomen,  espalda, cuello y hombros. Así mismo se usaba un “faldillar” con placas de bronce (en la actualidad este “faldillar” se usa para proteger la zona pélvica de impactos y fragmentos de explosiones).

Todas estas armaduras, y sus posteriores evoluciones estaban diseñadas para garantizar la supervivencia en el combate con armas de filo. Por ello todos sus diseños estaban destinados a proteger las zonas susceptibles de provocar hemorragias masivas, o heridas penetrantes en tórax o cabeza, que pudiesen provocar la muerte, al no disponer en estas épocas de una medicina traumatológica en el tratamiento de heridas en combate.

Así mismo aquellas heridas producidas en la contienda de la batalla, que no producían una muerte rápida por hemorragias masivas, se convertían en infecciones que posteriormente producían muertes lentas y dolorosas.

Sobre 1970 aparece las fibras de Kevlar que son aprobadas en los programas de investigación y desarrollo, para ser portadas en chalecos antibalas de baja velocidad, por agentes de policía.

Evolución de las armaduras hacia el chaleco antibalas:

La evolución de las armas de filo hacia las armas de fuego, con mayor poder de penetración se remonta hacia el 1500 donde la presencia de estas nuevas armas aumenta el interés por poder contrarrestar sus efectos en el combate.

“A fines de 1500, el término “a prueba de balas” se usaba para designar una armadura en la cual se podía observar la abolladura producida por una bala, que demostraba su resistencia ante la penetración de proyectiles.”

Estas primeras armaduras eran muy pesadas y restaban movilidad en el combate cuerpo a cuerpo con armas de filo durante los asaltos. Por lo que se empezó a investigar y desarrollar nuevos diseños más livianos.

En esta búsqueda de ligereza y protección se desarrollaron los primeros chalecos hacia 1860. Para dotar de ligereza se investigo en el empleo del algodón, que usado de forma densa en formas de capas podía proteger contra los fragmentos derivados de las explosiones de artillería, granadas, minas…

El siguiente dato significativo lo encontramos durante la segunda guerra mundial, donde se desarrollan chalecos capaces de proteger contra fragmentos y proyectiles de baja velocidad, pero que son muy pesados, y no se pueden combinar con la dotación del combatiente, cargadores, agua, botiquín…

En esta búsqueda de protección, movilidad y capacidad de portar materiales para la supervivencia, se decide quitar la protección en favor de la movilidad para realizar cambios de posición de tiro, asaltos y combate cuerpo a cuerpo. Así mismo durante las largas caminatas a las que se somete principalmente a la infantería, se hace necesario portar pertrechos, comida, municiones y agua.

Sobre 1970 aparece las fibras de Kevlar que son aprobadas en los programas de investigación y desarrollo, para ser portadas en chalecos antibalas de baja velocidad, por agentes de policía.

El éxito de estos nuevos chalecos, permitió salvar vidas en los enfrentamientos armados. Pero el uso de armas de alta velocidad genera la necesidad de crear otra protección más robusta y resistente contra estos proyectiles, por lo que se crean placas de acero balístico, llamadas Placas de trauma”. Estas placas de trauma complementan a los chalecos de kevlar, hoy en día se siguen usando con otros materiales más ligeros como la cerámica balística. Normalmente estas Placas se sitúan para proteger a aquellos órganos más vulnerables al trauma por impacto y aumentan la protección contra balas en el centro-masa de la zona corazón/esternón.

En la actualidad muchos de los ejércitos modernos han optado por la combinación descrita. En esta combinación se usa placas blandas de Kevlar protegiendo cuello, hombros, torso y pelvis como habían diseñado los Griegos. Esta protección está dirigida contra fragmentación derivada de artefactos explosivos improvisados (IED), minas, granadas o balas de baja velocidad. Para las balas de alta velocidad propias de escenarios bélicos, se complementan estos chalecos con alojamientos para placas de trauma.

Los últimos modelos diseñados han tenido en cuenta la carga de pertrechos para la supervivencia en combate, dando como resultado el Equipo de Protección Individual del Combatiente (EPIC).

Equipo de protección individual del combatiente:

En la actualidad nos encontramos el nuevo concepto de “Equipo de Protección Individual para el Combatiente (EPIC)”. Este nuevo concepto requiere que este equipo garantice nuestra supervivencia en una situación de enfrentamiento armado, y para ello  no solo debe de ofrecernos protección balística, sino que debe garantizarnos capacidad de realizar primeros auxilios tácticos en caso de resultar heridos, o garantizarnos hidratación y supervivencia en medios agrestes durante al menos 24 horas.

Para ello desglosaremos el equipo en diferentes módulos, que al menos deberán de contener los siguientes elementos que explicaremos a continuación, pero que pueden ser ampliados según el tipo de especialidad del propio combatiente que desempeñe dentro de un equipo de trabajo:

Continuará…..

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Mi plataforma de tiro (parte II): Los brazos

Mi plataforma de tiro (parte II): Los brazos

Arturo Mariscal

Socio colaborador E3A

El bloqueo no se lleva a cabo sólo con los pies, tenéis también que aprender a “bloquear” con el cuerpo, “bloquear” con la mente y, por supuesto, “bloquear” con un sable, de tal forma que impidáis al adversario llevar a cabo un segundo movimiento.

Miyamoto Musashi

Autor de "El libro de los 5 anillos"

Si las piernas y los pies soportan y estabilizan las fuerzas generadas en los disparos, los brazos sostienen y dirigen el arma. Por tanto debemos huir siempre de posiciones rígidas que obviamente serán difíciles de mantener durante un espacio indeterminado de tiempo.

“Mi mano está en una posición natural… El brazo que empuña se flexiona de forma natural…”

Los brazos:

Particularmente no tengo instalado en mi escopeta ningún tipo de grip delantero (ni en mi fusil de asalto). Considero que anatómicamente no son muy compatibles con la anatomía de la mano. Me di cuenta que si usaba un grip vertical en mi fusil terminaba situando la mano en el ángulo que formaba este con el guardamanos; si lo quitaba y la apoyaba en el ángulo que se forma delante del cargador, se me quedaba muy corto. Al final decidí no llevar grip.

Lo que sí llevo es un punto de referencia que me marca la posición para el pulgar de mi mano de apoyo, que no es otra cosa que la pieza con la que uno la correa portafusil al arma mediante un raíl picatinny. Sin más. Mi mano está en una posición natural, no hay muñecas retorcidas, no hay brazos rígidos, no hay posiciones antinaturales.

El brazo que empuña se flexiona de forma natural al empuñar el arma y se trata de pegar lo más posible al costado para que el hombro cree una especie de apoyo natural a la culata y evite que esta se resbale hacia afuera. Lo ideal es llevar la culata cercana al músculo pectoral; esto es válido para fusil o para escopeta ya que por ejemplo podemos estar limitados por el material de protección portado. Por ejemplo mi “viejo” chaleco portaplacas que incorpora salvavidas y me obliga a desplazar el arma al pectoral (correcto) o al brazo (mal).

También la posición de este brazo está muy condicionada por el arma, por ejemplo en mi caso la culata de mi escopeta es un poco larga para mi gusto y me obliga a separar un poco mi brazo. Aunque reconozco que para mí es una posición cómoda y el arma no sufre grandes relevaciones ni movimientos.

Conclusiones:

Tan sólo insistir en que es importante adoptar una posición corporal que permita concebir en todo momento una plataforma de tiro estable. Y que esta posición corporal es interesante que sea fácilmente adoptable.

Como todo es una posición que me funciona a mí, por lo que cualquier otra persona quizás deba variarla para adaptarla a sí mismo. Considero que es una posición cómoda porque se puede mantener rato ya que no hay músculos en tensión, además es una posición dinámica puesto que las extremidades están en una posición natural no rígida y permite los cambios de dirección en el caso de objetivos que aparezcan por el escenario en el que nos desenvolvemos.

Lo dicho, es “mi posición”, y espero que os sea de utilidad. Volveré a la carga con el siguiente artículo.

Mi plataforma de tiro (Parte I): Los pies.

El retroceso sobre mi cuerpo.

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Mi plataforma de tiro (parte I): Los pies

Mi plataforma de tiro (parte I): Los pies

Arturo Mariscal

Socio colaborador E3A

Este texto va dedicado íntegramente a la posición (la mía, la que yo uso, “mi posición”) más recomendable para emplear este arma. En estas notas pretendo analizar mi propia posición de tiro, que es la que a mí me permite crear una plataforma estable de tiro en el manejo de esta arma.

La escopeta presenta, fundamentalmente, un problema en su uso y no es otro que el retroceso que ocasionan las municiones que se emplean en ella con fines defensivos: postas y balas. Este tipo de munición generan unas fuerzas considerables que ocasionarán grandes movimientos en los disparos con la consiguiente pérdida de precisión, estabilidad, velocidad entre disparos, etc., a menos que se haya adoptado una posición estable y equilibrada.

Reconozco que soy un maniático con algunas cosas y una de ellas es esta, la posición corporal, ya que la considero fundamental.

El bloqueo no se lleva a cabo sólo con los pies, tenéis también que aprender a “bloquear” con el cuerpo, “bloquear” con la mente y, por supuesto, “bloquear” con un sable, de tal forma que impidáis al adversario llevar a cabo un segundo movimiento.

Miyamoto Musashi

Autor de "El libro de los 5 anillos"

Los pies:

Las casas se construyen desde los cimientos y, en este caso, los cimientos están en nuestros pies. Ellos van a ser la base de esa estabilidad. Nuestros pies van a transmitir al suelo el resto de la fuerza de retroceso que no hayamos sido capaces de compensar con nuestra posición de tiro.

Veamos si explico esto. Por un lado, nuestros pies proporcionan un agarre que van a evitar que haya desplazamientos corporales si la posición del resto del cuerpo está bien adoptada. Esto es la imagen que tendremos en mente de algún video en el cual una persona dispara un arma y la vemos elevarse y hasta dar pasos hacia atrás al no haberse conformado como plataforma de tiro estable.

Por otro lado, nuestros pies sirven de conductor para el resto de la fuerza generada por el disparo y que no ha sido absorbida y disipada por la posición corporal.

Vamos a analizar la posición de la silueta adyacente. Supongamos que nuestro tirador tiene situados ambos pies alineados y separados la anchura equivalente a la de los hombros. Es la posición que adoptamos cuando estamos esperando, es una posición estable que no requiere gasto energético ni esfuerzo. ¿Qué ocurre si disparamos? Sea arma corta o larga va a ocurrir lo mismo: el empuje que genera ese disparo se convierte en una fuerza que impulsa el arma hacia detrás. Es física sencilla. Y esa fuerza se transmite hacia el que la empuña y genera una vibración en él. Básicamente, lo que ha ocurrido es una pérdida de equilibrio en el tirador. Seguro que se ha entendido esa explicación.

La imagen inferior muestra la modificación de esta posición inicial. La vamos a ir analizando para entender lo simbolizado.

La imagen número 1 (en la izquierda) es la que adoptaremos para buscar conseguir un poco más de estabilidad cuando empuñamos un arma corta y no deseamos recibir esa pérdida de equilibrio comentada. Lo único que vamos a hacer, inconscientemente, es retrasar un poco uno de los pies: en este caso de tirador diestro, el pie derecho. Al hacer esto acabamos de ganar estabilidad. Ya en cada disparo no nos vamos a mover.

…nuestros pies sirven de conductor para el resto de la fuerza generada por el disparo y que no ha sido absorbida y disipada por la posición corporal.

Si desplazamos el peso del cuerpo hacia los metatarsos, que es la zona coloreada en rojo en la imagen, pasaremos a compensar la fuerza y nuestra vibración será mucho menor. ¿Cómo lo hacemos? Es sencillo, se trata de inclinarnos ligeramente hacia delante, llevando el mayor porcentaje de nuestro peso hacia delante situando nuestros hombros ligeramente adelantados a las caderas. Notaremos como si nuestros dedos tratasen de “agarrarse al suelo”.

La imagen adyacente muestra lo que trato de explicar. En ella se ve que la línea de los hombros (amarilla) está ligeramente adelantada a las caderas (línea roja), con lo cual acabo de desplazar mi peso hacia los metatarsos. Al hacer esto añado peso a mi posición corporal, 71 kg para ser exactos, y pasa a oponerse a la fuerza que tratará de transmitir mi pistola a mi cuerpo a cada disparo. Consigo estabilizarla y su vibración será menor, habrá una menor pérdida de la visión sobre el objetivo, podré encadenar series de disparos con más velocidad, etc. Es la posición que voy a adoptar para hacer fuego con un arma corta o con cualquier arma de retroceso reducido (subfusil, carabina en calibre pequeño, etc.).

Si nos vamos a la imagen número 2 y la comparamos con la anterior (1) podemos ver que los pies se han separado un poco del cuerpo en profundidad, manteniendo esa distancia entre ellos equivalente casi a la anchura entre hombros. El pie más retrasado va a servir para compensar el retroceso de un mayor calibre ya que produce más vibraciones.

Además se deben relajar un poco más las rodillas, de modo que el peso si antes se repartiese por ejemplo un 50/50 entre ambos pies, ahora pasamos a desplazarlo un poco más hacia el pie más adelantado (55/45). Seguimos compensando el retroceso oponiendo, entre otras cosas, el peso de nuestro cuerpo a la fuerza que genera el disparo.

Pasamos al esquema número 3. Los pies se han separado aun más en profundidad y las piernas ligeramente flexionadas hacen que el centro de gravedad descienda y se añada más peso aun hacia la pierna adelantada (por ejemplo 65/35). Además nuestro cuerpo se gira ligeramente para poder adoptar una posición cómoda.

La diferencia de disparar una escopeta con la posición 1 a hacerlo con la posición 3 va a ser, como ya se ha dicho antes, estabilidad y menor vibración, menor elevación y menor pérdida de la visión sobre el objetivo por tanto, poder encadenar series de disparos con más velocidad, etc.

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La escopeta (Parte III): Recargando y descargando a voluntad

La escopeta (Parte III): Recargando y descargando a voluntad

Arturo Mariscal

Socio colaborador E3A

“…dibujar correctamente los planos sirviéndose de la escuadra y la regla y vivir mediante una práctica diligente de sus técnicas.”

Miyamoto Musashi

Autor de "El libro de los cinco anillos"

Recargas a voluntad:

La llamada recarga táctica o proactiva. Es la que se va a dar cuando tras hacer unos disparos, y finalizar la situación de peligro, decido recargar para volver a disponer de un arma carga completa; esta acción también es extrapolable al momento inicial de situar el arma en funcionamiento originalmente (con cartucho en recámara o no).

En este tipo de recarga ya existe un cartucho en la recámara puesto que se trata de reponer los consumidos. Para efectuarla tan solo situaremos nuestra escopeta en nuestra zona de manipulación, bloqueando la culata entre cuerpo y brazo como ya hemos visto y colocando la ventana de alimentación sensiblemente centrada en mi campo de visión. Ya lo hemos visto, y lo vemos nuevamente en la imagen adyacente.

La mano de apoyo se desplaza hasta localizar el cartucho en el sistema empleado para su transporte, en mi caso un cinturón (25 cartuchos sin molestar). La técnica que empleo es la misma que emplearía para los cargadores de un arma corta, y similar a la de un fusil de asalto. Procuro siempre que mis movimientos sean similares de un arma a otra como ya he dicho.

La mano se desplaza invertida porque es el único método que he comprobado que me permite sin mirar deslizarlo por mi cuerpo hasta que “choque” con el portacargadores o, en este caso, con los cartuchos en ese cinto. Ya lo único que se debe hacer es extraer es cartucho tirando del culote y llevarlo a la ventana de alimentación, lo mismo que en las imágenes de la secuencia anterior de la recarga reactiva, e introducirlo en el arma presionando con fuerza.

Descargar:

Lo normal y habitual es accionar varias veces el guardamanos o la palanca de montar para que la escopeta vaya lanzando los cartuchos que con suerte alguien estará intentando coger al vuelo; lo normal es que se vayan al suelo. De este modo, aparte de la posibilidad de que se pueda producir un accidente con un cartucho que caiga en mala posición, también se pueden producir deterioros en los mismos que los puedan inutilizar.

Vamos a diferenciar esta acción de modo genérico para ambos tipos de escopetas, partiendo siempre del arma con el seguro puesto.

“Debo encontrar el “ritmo” y aprender a trabjarlo y aceptarlo desde la parte trasera de mi nuca, no desde los ojos”

Para descargar un arma repetidora manual que tiene un cartucho en la recámara colocamos al menos 3 dedos al final del guardamanos y presionamos el seguro automático que bloquea el cierre si no se produce disparo a la vez que accionamos el guardamanos hacia atrás con suavidad. Los dedos puestos al final hacen de tope y evitan que la recámara se abra de golpe y salga disparado el cartucho. Cuando los dedos alcanzan el cajón de los mecanismos se habrá abierto la ventana de expulsión lo justo como para que, retirando 1 ó 2 dedos más y desplazando otro poco el guardamanos se pueda acceder al cartucho e, insertando un dedo extraerlo (ver imágenes a la izquierda).

En el caso de tratarse de una escopeta semiautomática hay que deslizar hacia atrás el cierre mediante la palanca de montar. Se coloca la mano apoyada en dicha palanca (imágenes a la derecha) y se tira hacia atrás de ella a la vez que se gira la escopeta, el cartucho cae en la mano.

Los cartuchos del depósito se extraen manualmente también, girándola de modo que la ventana de alimentación quede hacia arriba. Hay escopetas en las que habrá que llevar el guardamanos hacia delante (repetidoras) de modo que la rampa de carga de cartuchos se desplace por si sola o presionar con uno de los dedos en otras. Hay escopetas que requieren el desplazamiento completo hacia delante del guardamanos, otras necesitan la mitad o las tres cuartas partes, algunas deben tener el guardamanos hacia atrás, etc.

Con el arma en esta posición se debe localizar la uña de retención los cartuchos (ver imagen arriba a la izquierda, rodeada con círculo rojo).

Siguiendo la secuencia de imágenes a la derecha, presionamos con el dedo esa uña y notaremos que el cartucho que asomaba por el depósito sale del mismo. Si se retira el dedo, el cartucho sale del depósito completamente y solamente queda extraerlo con la mano. Los siguientes cartuchos salen por el mismo método a medida que se va presionando esa uña.

En el caso de mi escopeta (y de otras marcas) debo necesariamente accionar la palanca de montar repetidas veces hasta que el depósito queda vacío ya que la rampa de carga no se aparta nunca.

Ya solo queda en ambos casos comprobar que el arma esta descargada.

Espero que haya sido de utilidad.

La escopeta (Parte I)

Configuración y manejo sencillo

La escopeta (Parte II)

Recargando!!

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