Salir de la X, o no salir de la X, he aquí la cuestión…

Mar 29, 2017 | Tiro defensivo | 5 Comentarios

Ray Ruiz

Instructor E3A

Este concepto puede parecer algo moderno si le damos nombres chulos como “la X”, pero es algo tan antiguo como salir de la zona de muerte, salir de la emboscada, quitarse de la línea de tiro, localizar el origen de fuego y buscar un abrigo o todas las formas que se nos puedan ocurrir para decir “si sigues ahí, al final te alcanzarán…”

Pero para empezar a tratar este tema, quizás lo mejor no sea hablar de emboscadas ni complicar mucho la materia, sino quedarnos en un enfrentamiento simple, que no de fácil solución, entre un asaltante y un asaltado, entre un malo y un policía o entre un enemigo armado y un soldado en un checkpoint.

La cosa está en como entrenar esos enfrentamientos y en que basarse para buscar la solución más acertada que nos dé más posibilidades de supervivencia.

Partamos de la situación en la que un agresor realiza una acción letal sobre un agente como, por ejemplo, el desenfunde de un arma de fuego, abalanzarse con un arma blanca o tratar de golpear de arriba hacia abajo con un arma contundente.

Ante esta situación el agente deberá responder lo más rápido y agresivo posible para lograr la supervivencia.

Y aquí es donde parece encontrarse la controversia entre salir o no de la X, salir o no de la línea de tiro.

“A quienes  no  pudieron  volver con sus familias aquel día y a los que maltrechos de por vida, a veces también olvidados, sí consiguieron regresar con los suyos”

Ernesto Pérez Vera

Autor de, "En la línea de fuego"

¿Pero a qué nos referimos con salir o no de la línea de tiro?

Aquí es donde parece que podemos elegir entre si es mejor quedarse quieto, desenfundar tu arma de fuego y colocar cuatro disparos en el pecho de la amenaza, o por el contrario, salir de la línea de ataque del agresor, e ir desenfundando y realizando fuego mientras nos movemos.

Para ver cual de las dos versiones es mejor para asegurar la supervivencia del agente, se toman tiempos para ver con cual de las dos modalidades se consigue disparar primero cuatro disparos certeros en la zona adecuada para neutralizar la amenaza.

De esta forma se miden tiempos e impactos, pero no reacciones neurofisiológicas, propias de un enfrentamiento armado, que variarían mucho esos tiempos medidos o incluso harían inútiles este tipo de pruebas.

Creo que en un enfrentamiento de estas características, donde la supervivencia del individuo está tan al límite, no se puede trivializar el entrenamiento con un cronómetro y una buena funda que permita un desenfunde “mú rápido”, ni con un recorrido establecido por el que me voy a mover o simplemente dar un par de pasos laterales. Si nos paramos a estudiar con lógica lo que puede ocurrir, a leer sobre la materia o a visionar videos sobre sucesos reales, quizás nos demos cuenta de que es mucho más complicado de lo que parece y que a toro pasado es muy fácil dictaminar sobre lo que hubiera sido mejor hacer.

“Las siluetas del campo de tiro tienen todas las de perder, están ahí esperando, quietas, a que les dispares.”

Por lo tanto, ¿qué hacer?, ¿salir de la línea de tiro o quedarse en ella?

Antes de responder hacia un sentido u otro, creo que es importante que utilicemos los conocimientos que tenemos sobre el comportamiento humano y posteriormente la lógica.

La primera reacción del ser humano ante una agresión suele ser una reacción innata, alojada en lo más profundo de nuestro cerebro, grabada a fuego durante millones de años de evolución, que nos llevará a protegernos de la amenaza, interponer nuestros brazos, esconder el cuello entre los hombros, bajar la cabeza e incluso desplazarnos en dirección opuesta a la amenaza. Por lo tanto en esta primera reacción, ya parece un poco complicado que nos quedemos quietos y empecemos a desenfundar nuestro arma.

He podido leer en ocasiones o escuchar en otras, que lo primero que debemos hacer es disparar y después buscar un abrigo, a lo que yo suelo responder, que es difícil que un hombre ante una agresión permanezca inmóvil, impasible y realice esos disparos; sino que lo que ocurrirá será un sobresalto, una reacción innata de evitar el golpe, incluso un momento de negación de la realidad, y tras ello quizás podamos empezar a pensar en desenfundar. Pero esta idea se suele rebatir con la idea de que el entrenamiento y la repetición hará que en vez de sobresaltarnos, podamos desenfundar y adoptar posición de tiro.

Y yo digo, ¿Cuántas repeticiones hay que hacer para cambiar los procesos neuronales y fisiológicos que se producen en el organismo, el cual, los ha adquirido a través de 2,5 millones de años de evolución? El ser humano lleva sobre el planeta evolucionando muchísimo tiempo, matándose entre humanos, primero con piedras y palos, más tarde espadas y en los últimos años armas de fuego. Las armas de fuego no van a cambiar, de momento, nuestra genética, nuestra evolución. Nuestro entrenamiento tampoco puede hacerlo, simplemente no podemos cambiar las reacciones químicas de ciertas sustancias de ciertas glándulas.

Pensemos, ¿cómo podemos entrenar a que nuestro cuerpo no sude?

Vale, me estoy moviendo, y ahora qué?

Tras la primera reacción, quizás si podamos empezar a ser conscientes de la amenaza y tipo de agresión a la que nos enfrentamos, pero aún siendo ya conscientes de ella, es posible que no tengamos herramientas para reaccionar, o bien el entrenamiento recibido no sea el adecuado o no sea el suficiente como para haber desarrollado unas reacciones reflejas a esas agresiones.

Me estoy refiriendo a la plasticidad neuronal y la capacidad que tiene nuestro cerebro de cambiar sus interconexiones neuronales para crear atajos para acciones que desarrollamos habitualmente. Pero esta plasticidad neuronal y estos cambios que se producen a nivel de interconexiones no pueden cambiar las reacciones fisiológicas del enfrentamiento armado a muerte. Por lo que cuando nosotros entrenamos situaciones tácticas, estamos dándole forma a nuestro sistema nervioso gracias a esa plasticidad neuronal, pero no cambiando las reacciones innatas grabadas en el código genético.

Y menos mal que no logramos cambiar las reacciones innatas y las secreciones de las glándulas, porque son nuestro primer sistema de defensa, un detector de peligros que nos prepara para la acción posterior al “susto”. Sin él estaríamos indefensos, seríamos un témpano de hielo que se llevaría todas las collejas.

Así pues, llegados a este punto, yo digo que nos será imposible mantenernos en la X desenfundando y apuntando. Y los que estén intentando mantenerse en la X durante el entrenamiento, están intentando deshacerse de su más preciado primer sistema de defensa. Pero, por suerte para ellos, viene de serie y no se puede desconectar, así que, quieran o no, se moverán y además no recordarán como han llegado al otro lado de la habitación.

Además, si durante el entrenamiento nos empeñamos en mantenernos quietos tratando de realizar desenfundes de record mundial, lo que estaremos motivando será la congelación ante la amenaza tras el sobresalto, ya que no hemos dotado a nuestro organismo de herramientas para salir del problema.

Y ahora si nos quedamos quietos, congelados o simplemente intentando desenfundar, ¿qué evitará que el agresor nos alcance con sus proyectiles, nos de caza con su arma blanca o nos machaque el cráneo con un bate? Aún logrando desenfundar y disparar, ¿que nos garantiza que el enemigo quedará neutralizado y por el contrario no seguirá avanzando con su cuchillo?, ¿qué nos garantiza que no le quede aliento de vida para seguir apuñalando o apretando el disparador mientras permanecemos quietos, siendo un perfecto y demasiado fácil objetivo?

Las siluetas en el campo de tiro tienen todas las de perder. ¿Por qué? Porque no se mueven. Están ahí esperando que les dispares.

“Hoy se sabe que diferentes experiencias conductuales y el mismo aprendizaje desembocan en estructuras cerebrales distintas. Cuesta imaginar que diferentes softwares alteran los hardwares de un ordenador. Eso es lo que ocurre, en cambio, con el cerebro”.

Eduard Punset

Comunicador científico, REDES

Diseñando mi entrenamiento:

Aprovechemos la defensa de nuestro sistema innato, la preparación fisiológica de nuestro organismo para la supervivencia y salgamos de la línea de tiro, convirtiéndonos en un blanco más difícil de alcanzar. Para salir de la línea de agresión, entrenemos a salir a izquierda o a derecha, a hacer un movimiento en L o un arco táctico, vayamos aprovechando nuestra plasticidad neuronal para crear atajos para reaccionar más rápido a diferentes situaciones.

Muchas veces entrenamos ante siluetas, simplemente preparándonos para, una vez escuchado el pitido, realizar dos disparos muy rápidos sobre la silueta, para volver a prepararnos para otra serie.

Entrenar el tiro está bien, pero el tiro entendido como solo apretar el disparador tras apuntar, realmente se queda muy corto. En vez de entrenar el tiro, el doble tap, girarse y disparar o cualquier ejercicio que tengamos en nuestro programa de formación, quizás sería mejor incluir esos ejercicios de tiro en situaciones tácticas, y llevar el entrenamiento en el campo de tiro al siguiente nivel.

¿Entrenar en el área de confort?, no gracias.

Si empezamos a entrenar las situaciones tácticas ante las que nos podemos enfrentar, no hará falta que nadie nos diga si tenemos o no que salir de la línea de tiro, simplemente empezaremos a ver como no podemos permanecer quietos si queremos tener éxito. Pero si además entrenamos ciertas situaciones con los ojos cerrados para tratar de simular las verdaderas reacciones ante una agresión, ya no tendremos dudas.

Y si tras todo esto todavía queremos más razones, pues búsquese información sobre el ciclo OODA y tendremos otra razón más de peso para salir de la dichosa X.

Un abrazo para Pablo, con el que entreno con lo ojos cerrados, fuera de la zona de confort y siempre saliendo de la X.

 

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