Salir de la X, o no salir de la X, he aquí la cuestión…

Salir de la X, o no salir de la X, he aquí la cuestión…

Ray Ruiz

Instructor E3A

Este concepto puede parecer algo moderno si le damos nombres chulos como “la X”, pero es algo tan antiguo como salir de la zona de muerte, salir de la emboscada, quitarse de la línea de tiro, localizar el origen de fuego y buscar un abrigo o todas las formas que se nos puedan ocurrir para decir “si sigues ahí, al final te alcanzarán…”

Pero para empezar a tratar este tema, quizás lo mejor no sea hablar de emboscadas ni complicar mucho la materia, sino quedarnos en un enfrentamiento simple, que no de fácil solución, entre un asaltante y un asaltado, entre un malo y un policía o entre un enemigo armado y un soldado en un checkpoint.

La cosa está en como entrenar esos enfrentamientos y en que basarse para buscar la solución más acertada que nos dé más posibilidades de supervivencia.

Partamos de la situación en la que un agresor realiza una acción letal sobre un agente como, por ejemplo, el desenfunde de un arma de fuego, abalanzarse con un arma blanca o tratar de golpear de arriba hacia abajo con un arma contundente.

Ante esta situación el agente deberá responder lo más rápido y agresivo posible para lograr la supervivencia.

Y aquí es donde parece encontrarse la controversia entre salir o no de la X, salir o no de la línea de tiro.

“A quienes  no  pudieron  volver con sus familias aquel día y a los que maltrechos de por vida, a veces también olvidados, sí consiguieron regresar con los suyos”

Ernesto Pérez Vera

Autor de, "En la línea de fuego"

¿Pero a qué nos referimos con salir o no de la línea de tiro?

Aquí es donde parece que podemos elegir entre si es mejor quedarse quieto, desenfundar tu arma de fuego y colocar cuatro disparos en el pecho de la amenaza, o por el contrario, salir de la línea de ataque del agresor, e ir desenfundando y realizando fuego mientras nos movemos.

Para ver cual de las dos versiones es mejor para asegurar la supervivencia del agente, se toman tiempos para ver con cual de las dos modalidades se consigue disparar primero cuatro disparos certeros en la zona adecuada para neutralizar la amenaza.

De esta forma se miden tiempos e impactos, pero no reacciones neurofisiológicas, propias de un enfrentamiento armado, que variarían mucho esos tiempos medidos o incluso harían inútiles este tipo de pruebas.

Creo que en un enfrentamiento de estas características, donde la supervivencia del individuo está tan al límite, no se puede trivializar el entrenamiento con un cronómetro y una buena funda que permita un desenfunde “mú rápido”, ni con un recorrido establecido por el que me voy a mover o simplemente dar un par de pasos laterales. Si nos paramos a estudiar con lógica lo que puede ocurrir, a leer sobre la materia o a visionar videos sobre sucesos reales, quizás nos demos cuenta de que es mucho más complicado de lo que parece y que a toro pasado es muy fácil dictaminar sobre lo que hubiera sido mejor hacer.

“Las siluetas del campo de tiro tienen todas las de perder, están ahí esperando, quietas, a que les dispares.”

Por lo tanto, ¿qué hacer?, ¿salir de la línea de tiro o quedarse en ella?

Antes de responder hacia un sentido u otro, creo que es importante que utilicemos los conocimientos que tenemos sobre el comportamiento humano y posteriormente la lógica.

La primera reacción del ser humano ante una agresión suele ser una reacción innata, alojada en lo más profundo de nuestro cerebro, grabada a fuego durante millones de años de evolución, que nos llevará a protegernos de la amenaza, interponer nuestros brazos, esconder el cuello entre los hombros, bajar la cabeza e incluso desplazarnos en dirección opuesta a la amenaza. Por lo tanto en esta primera reacción, ya parece un poco complicado que nos quedemos quietos y empecemos a desenfundar nuestro arma.

He podido leer en ocasiones o escuchar en otras, que lo primero que debemos hacer es disparar y después buscar un abrigo, a lo que yo suelo responder, que es difícil que un hombre ante una agresión permanezca inmóvil, impasible y realice esos disparos; sino que lo que ocurrirá será un sobresalto, una reacción innata de evitar el golpe, incluso un momento de negación de la realidad, y tras ello quizás podamos empezar a pensar en desenfundar. Pero esta idea se suele rebatir con la idea de que el entrenamiento y la repetición hará que en vez de sobresaltarnos, podamos desenfundar y adoptar posición de tiro.

Y yo digo, ¿Cuántas repeticiones hay que hacer para cambiar los procesos neuronales y fisiológicos que se producen en el organismo, el cual, los ha adquirido a través de 2,5 millones de años de evolución? El ser humano lleva sobre el planeta evolucionando muchísimo tiempo, matándose entre humanos, primero con piedras y palos, más tarde espadas y en los últimos años armas de fuego. Las armas de fuego no van a cambiar, de momento, nuestra genética, nuestra evolución. Nuestro entrenamiento tampoco puede hacerlo, simplemente no podemos cambiar las reacciones químicas de ciertas sustancias de ciertas glándulas.

Pensemos, ¿cómo podemos entrenar a que nuestro cuerpo no sude?

Vale, me estoy moviendo, y ahora qué?

Tras la primera reacción, quizás si podamos empezar a ser conscientes de la amenaza y tipo de agresión a la que nos enfrentamos, pero aún siendo ya conscientes de ella, es posible que no tengamos herramientas para reaccionar, o bien el entrenamiento recibido no sea el adecuado o no sea el suficiente como para haber desarrollado unas reacciones reflejas a esas agresiones.

Me estoy refiriendo a la plasticidad neuronal y la capacidad que tiene nuestro cerebro de cambiar sus interconexiones neuronales para crear atajos para acciones que desarrollamos habitualmente. Pero esta plasticidad neuronal y estos cambios que se producen a nivel de interconexiones no pueden cambiar las reacciones fisiológicas del enfrentamiento armado a muerte. Por lo que cuando nosotros entrenamos situaciones tácticas, estamos dándole forma a nuestro sistema nervioso gracias a esa plasticidad neuronal, pero no cambiando las reacciones innatas grabadas en el código genético.

Y menos mal que no logramos cambiar las reacciones innatas y las secreciones de las glándulas, porque son nuestro primer sistema de defensa, un detector de peligros que nos prepara para la acción posterior al “susto”. Sin él estaríamos indefensos, seríamos un témpano de hielo que se llevaría todas las collejas.

Así pues, llegados a este punto, yo digo que nos será imposible mantenernos en la X desenfundando y apuntando. Y los que estén intentando mantenerse en la X durante el entrenamiento, están intentando deshacerse de su más preciado primer sistema de defensa. Pero, por suerte para ellos, viene de serie y no se puede desconectar, así que, quieran o no, se moverán y además no recordarán como han llegado al otro lado de la habitación.

Además, si durante el entrenamiento nos empeñamos en mantenernos quietos tratando de realizar desenfundes de record mundial, lo que estaremos motivando será la congelación ante la amenaza tras el sobresalto, ya que no hemos dotado a nuestro organismo de herramientas para salir del problema.

Y ahora si nos quedamos quietos, congelados o simplemente intentando desenfundar, ¿qué evitará que el agresor nos alcance con sus proyectiles, nos de caza con su arma blanca o nos machaque el cráneo con un bate? Aún logrando desenfundar y disparar, ¿que nos garantiza que el enemigo quedará neutralizado y por el contrario no seguirá avanzando con su cuchillo?, ¿qué nos garantiza que no le quede aliento de vida para seguir apuñalando o apretando el disparador mientras permanecemos quietos, siendo un perfecto y demasiado fácil objetivo?

Las siluetas en el campo de tiro tienen todas las de perder. ¿Por qué? Porque no se mueven. Están ahí esperando que les dispares.

“Hoy se sabe que diferentes experiencias conductuales y el mismo aprendizaje desembocan en estructuras cerebrales distintas. Cuesta imaginar que diferentes softwares alteran los hardwares de un ordenador. Eso es lo que ocurre, en cambio, con el cerebro”.

Eduard Punset

Comunicador científico, REDES

Diseñando mi entrenamiento:

Aprovechemos la defensa de nuestro sistema innato, la preparación fisiológica de nuestro organismo para la supervivencia y salgamos de la línea de tiro, convirtiéndonos en un blanco más difícil de alcanzar. Para salir de la línea de agresión, entrenemos a salir a izquierda o a derecha, a hacer un movimiento en L o un arco táctico, vayamos aprovechando nuestra plasticidad neuronal para crear atajos para reaccionar más rápido a diferentes situaciones.

Muchas veces entrenamos ante siluetas, simplemente preparándonos para, una vez escuchado el pitido, realizar dos disparos muy rápidos sobre la silueta, para volver a prepararnos para otra serie.

Entrenar el tiro está bien, pero el tiro entendido como solo apretar el disparador tras apuntar, realmente se queda muy corto. En vez de entrenar el tiro, el doble tap, girarse y disparar o cualquier ejercicio que tengamos en nuestro programa de formación, quizás sería mejor incluir esos ejercicios de tiro en situaciones tácticas, y llevar el entrenamiento en el campo de tiro al siguiente nivel.

¿Entrenar en el área de confort?, no gracias.

Si empezamos a entrenar las situaciones tácticas ante las que nos podemos enfrentar, no hará falta que nadie nos diga si tenemos o no que salir de la línea de tiro, simplemente empezaremos a ver como no podemos permanecer quietos si queremos tener éxito. Pero si además entrenamos ciertas situaciones con los ojos cerrados para tratar de simular las verdaderas reacciones ante una agresión, ya no tendremos dudas.

Y si tras todo esto todavía queremos más razones, pues búsquese información sobre el ciclo OODA y tendremos otra razón más de peso para salir de la dichosa X.

Un abrazo para Pablo, con el que entreno con lo ojos cerrados, fuera de la zona de confort y siempre saliendo de la X.

 

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La posverdad

La posverdad

Ray Ruiz

Instructor E3A

El Diccionario Oxford señaló que la palabra del año 2016 había sido post-truth, que en castellano es algo así como posverdad. Este concepto señala que entre la verdad y la mentira hay un territorio de aguas turbias que escapa a esas dos definiciones.

La posverdad se ha definido como un contexto cultural e histórico en el que la contrastación empírica y la búsqueda de la objetividad son menos relevantes que la creencia en sí misma y las emociones que genera a la hora de crear corrientes de opinión pública.

Básicamente, la palabra sirve para señalar una tendencia en la creación de argumentarios y discursos que se caracteriza por partir de la asunción de que la objetividad importa mucho menos que el modo en el que lo que se afirma encaja con el sistema de creencias que sentimos nuestro y que nos hace sentir bien.

La posverdad supone un emborronamiento de la frontera entre la verdad y la mentira, y crea una tercera categoría distinta a las dos anteriores. Una en la que un hecho, ficticio o no, es aceptado de antemano por el simple hecho de encajar con nuestros esquemas mentales.

Arturo Torres

Blog Psicología y Mente

O el triunfo de lo individual por encima del bien común:

En una sociedad acomodada, donde todo parece que se mantendrá en su sitio, donde no hay riesgos aparentes y los conflictos del pasado aparecen lejanos, recordados tan solo en los videojuegos, los intereses personales e individuales suben en la escala de valores hasta colocarse en primer lugar. Lo que debería ser una muestra de desarrollo de la sociedad moderna, se convierte en su debilidad y en muestra de su futurible fracaso.

Es legítimo desear una vida acomodada, todo el mundo tiene derecho a conseguir réditos de su trabajo y actividades. La libertad de una sociedad avanzada, donde poder dedicarse al crecimiento personal, ser proactivo, emprendedor y tener un fin mayor en mente, es una muestra de sociedad avanzada. Y la muestra de la debilidad de esa sociedad es que los individuos entienden esa libertad para ser proactivos, como el muy socorrido “ande yo caliente, ríase la gente”, donde lo importante es mi carrera, mi dinero, mi puesto y si mientras la Unidad se resquebraja, “pues para lo que me queda en el convento…”

Porque si al final el individuo piensa solo en si mismo y además este individuo tiene poder de decisión, el triunfo de la posverdad y de los egos personales, se impondrán a las necesidades del bien común, modificando, si es necesario, la realidad para adaptarla a las creencias del individuo.

O el triunfo de los prejuicios por encima de los hechos objetivos:

El ser humano es prejuicioso, sobretodo si ese prejuicio refuerza la posverdad que se construye para manipular una realidad que no se quiere afrontar; y los prejuicios perduran en el tiempo porque rara vez alguien se detiene a descubrir los hechos objetivos.

Realmente se puede llegar a demonizar a una persona, a un colectivo o a un partido político a base de prejuicios y puede que nunca nadie se llegue a parar para observar la realidad que envuelve a esa persona o a ese colectivo.

¿Que ocurriría si se llegase a los hechos objetivos y se descubriera que lo demonizado no era tan malo y que se ha manipulado la verdad para crear un hecho alternativo, que se aceptó como correcto, porque nadie fue valiente para descubrir el prejuicio creado por personas cobardes e incapaces?

Que algunos mundos se desmoronarían.

“Alguno se va a pensar que le van a dar un despacho de verdad y mandará su pelotón por PowerPoint”

O como es más cómodo gestionar la mediocridad que la profesionalidad:

Si las personas cobardes e incapaces tiene capacidad de decidir en un organización, tratarán por todos los medios de cortar los pies y las cabezas de los que no se amoldan al diván de sus reflexiones para hacerlos encajar y de esta manera estar rodeado, si fuera necesario, de personas mediocres a quien poder gestionar fácilmente.

Los profesionales que no encajan son demonizados mediante prejuicios, construyendo hechos alternativos, alimentando la posverdad que permita que los esquemas mentales del Jefe Incapaz permanezcan intactos.

El Líder, por el contrario, es proactivo e interdependiente y se rodea de los mejores, lo que le deparará un largo camino de trabajo y esfuerzo, ya que no es fácil gestionar a los más profesionales.

La mediocridad es más fácil de gestionar, por ello, cuando un jefe no consigue los objetivos marcados, se puede manipular la realidad desarrollando otro método de evaluación “más adecuado”; cuando no apetece ejercitarse por las mañanas, se puede manipular la realidad aduciendo mucho trabajo en la oficina; cuando los sniper no somos capaces de impactar a largas distancias, podemos manipular las realidad hablando de la alineación de los planetas y su influencia gravitatoria sobre los proyectiles.

O como el PowerPoint es mucho más importante que el trabajo técnico de campo:

Hace 12 años escuché como nos decían: “Alguno se va a pensar que le van a dar un despacho de verdad y mandará su pelotón por PowerPoint”

Pues fallaron las previsiones a medias, porque despacho no hay, desde luego, pero el PowerPoint está a la orden del día. Y no es que sea malo este software, ni mucho menos, una buena presentación puede colocar el producto en las mentes adecuadas; pero cuando todo es administración, presentaciones y reuniones, y cuando las horas de PowerPoint superan a las horas de desenfundes en seco, es cuando decidimos que le papel lo aguanta todo, que somos dueños de la táctica perfecta y que además ésta no se verá influenciada por la fricción.

La posverdad vuelve a vencer porque el instructor en jefe es YouTube y no el entrenamiento en el campo de tiro fuera de la zona de confort, porque se crean PowerPoints perfectos sobre la táctica perfecta pero olvidándose de tecnificarla con el polvo y el sudor de El Camino, porque Rommel somos todos y el Comand and Control es lo más importante aun cuando ya no quede nada que comandar.

 

La era de la posverdad: se buscan verdaderos guerreros.

 

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